El Titanic

Costó dos años de duro trabajo para conseguir que el Titanic se transformara de un montón de vigas y remaches, en el puerto de Belfast, a una asombrosa nave visible desde cualquier punto de la ciudad. El sonido del martilleo sobre los remaches y el estruendo del acero resonando por todas las calles, miles de ciudadanos dirigiéndose hasta el astillero cada mañana… realmente se puede afirmar que la ciudad le debía al barco tanto como el barco le debía a la ciudad.

Belfast fue en su día el puerto de construcción de embarcaciones más importante del mundo, y consiguió construir la estructura movible más grande nunca realizada por el ser humano. Un barco que convertía los sueños en realidad. Cuando el Titanic se deslizó desde su grada hasta las frías aguas del Lago de Belfast, es fácil imaginar cómo, orgullosa, la ciudad entera, lo aclamó.

La historia del Titanic está grabada y tallada en el nombre de Belfast. Aunque el barco  partió hace casi cien años, los visitantes encontrarán portillas de esta historia en cada rincón, ya sea en los salones del White Star, como en el mural inspirado en el Titanic, o las grúas de Samsom and Goliath dentro del astillero.

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